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martes, 15 de marzo de 2011

Filosofía

Diccionario soviético de filosofía
Ediciones Pueblos Unidos, Montevideo 1965
páginas 175-189

Filosofía

(griego: filosofía: amor a la sabiduría). Ciencia sobre las leyes universales a que se hallan subordinados tanto el ser (es decir, la naturaleza y la sociedad) como el pensamiento del hombre, el proceso del conocimiento. La filosofía es una de las formas de la conciencia social y está determinada, en última instancia, por las relaciones económicas de la sociedad. La cuestión fundamental de la filosofía como ciencia especial estriba en el problema de la relación entre el pensar y el ser, entre la conciencia y la materia. Todo sistema filosófico constituye una solución concreta y desarrollada de dicho problema, incluso si la «cuestión fundamental» no se formula claramente en el sistema. El término «filosofía» se encuentra por primera vez en Pitágoras; en calidad de ciencia especial, lo introdujo por primera vez Platón. La filosofía surgió en la sociedad esclavista como ciencia que unía todos los conocimientos que el hombre poseía acerca del mundo objetivo y acerca de sí mismo, cosa perfectamente natural dado el bajo nivel de desarrollo del saber en las etapas [176] primeras de la historia humana. En el curso del desarrollo de la práctica en el ámbito de la producción social, y a medida que se acumularon conocimientos científicos, ocurrió un proceso de «desprendimiento por gemación» de algunas ciencias respecto a la filosofía, a la vez que ésta se formaba como ciencia independiente. La filosofía como ciencia surge de la necesidad de estructurar una concepción general del mundo, de investigar los principios y leyes generales del mismo; surge de la exigencia de un método de pensamiento acerca de la realidad fundado en lo racional, en la lógica. Tal necesidad hace que el problema de la relación entre el pensar y el ser se sitúe en el primer plano de la filosofía, pues toda filosofía se apoya en una u otra solución de dicho problema, lo mismo que el método y la lógica del conocimiento. A ello se debe, también, la polarización de la filosofía en dos corrientes opuestas: materialismo e idealismo; entre ellos ocupa una posición intermedia el dualismo. La lucha entre el materialismo y el idealismo atraviesa, como un hilo rojo, toda la historia de la filosofía, es una de sus fuerzas motrices fundamentales. Esta lucha se encuentra estrechamente vinculada al desarrollo de la sociedad, a los intereses económicos, políticos e ideológicos de las clases. Al precisar la problemática específica de la ciencia filosófica, se fueron diferenciando en la propia filosofía distintas facetas en calidad de partes más o menos independientes, a veces con diferencias señaladísimas. Estas partes son: la ontología, la gnoseología, la lógica, la ética, la estética, la psicología, la sociología y la historia de la filosofía. Al mismo tiempo, ante la insuficiencia de conocimientos concretos, la filosofía intentaba sustituir las conexiones y leyes del mundo que faltaban por otras imaginarias, con lo cual se convertía en una «ciencia de las ciencias» especial, por encima de todas las demás ciencias. Respecto a la naturaleza, tal filosofía se presentaba como filosofía natural; ante la historia como filosofía de la historia. El último sistema de este género fue el de la filosofía de Hegel. Sin embargo, a medida que los conocimientos aumentaron y se diferenciaron, desaparecieron los motivos para que existiera la filosofía como «ciencia de las ciencias». La clara concepción de la necesidad social que da origen a la filosofía como ciencia especial, la clara idea del lugar que ésta ocupa y del papel que desempeña en el conjunto de la cultura espiritual así como, por ende, de cuál es el círculo de sus problemas (su objeto) se alcanzaron por primera vez en el marxismo-leninismo (Materialismo dialéctico, Materialismo histórico). El conocimiento teórico de los fenómenos del mundo circundante no puede darse sin el pensar desarrollado en el sentido lógico. Pero, en virtud de la división del trabajo entre las ciencias, que se formó históricamente, fue precisamente la filosofía la que elaboró las categorías y leyes lógicas. La filosofía marxista-leninista ha desarrollado y sostenido consecuentemente el principio materialista en la concepción del mundo objetivo y del pensar, principio que ha fecundado con la concepción dialéctica no como «ciencia de las formas externas del pensamiento, sino de las leyes que rigen el desarrollo de «todas las cosas materiales, naturales y espirituales», es decir, el desarrollo de todo el contenido concreto del mundo y del conocimiento del mismo, o sea, resultado, suma, conclusión de la historia del conocimiento del mundo» (V. I. Lenin, t. XXXVIII, págs. 80-81). La filosofía marxista, al considerar las formas y leyes lógicas como formas y leyes aprehendidas y comprobadas por toda la práctica humana del desarrollo de los procesos naturales, históricos y sociales, eliminó la diferenciación entre ontología, lógica y teoría del conocimiento. La coincidencia de la dialéctica, de la lógica y de la teoría del conocimiento constituye el principio cardinal de la filosofía del materialismo dialéctico. Con esto, la teoría filosófica del marxismo constituye la solución materialista dialéctica del problema fundamental de la filosofía, solución desarrollada de manera concreta, acabada en todos sus detalles. Las formas y leyes lógicas se presentan, en esta teoría, como formas y leyes universales reflejadas en la conciencia del hombre del decurso de todo proceso natural o histórico social, como grados de la reproducción teórica de los objetos en concordancia con el desarrollo real de los mismos. La filosofía, elaborada partiendo de la concepción indicada de su papel, de su objeto y de sus tareas verdaderas en el desenvolvimiento de la cultura humana, aparece como poderoso instrumento del conocer y obrar de las personas, como factor activo en el desarrollo ulterior del conocimiento y de la práctica. Así concebida la filosofía, sus partes la psicología, la sociología, la ética y la estética se convierten cada vez más en ciencias independientes, que se consideran ciencias filosóficas sólo por el peso de la tradición. Cierto es que dicha tradición tiene su fundamento, ya que las ciencias indicadas están relacionadas en alto grado con la problemática específicamente filosófica, en particular con el problema de la relación entre el sujeto y el objeto. La filosofía facilita el desarrollo de la autoconciencia del hombre, la comprensión del lugar y del papel de los descubrimientos científicos en el sistema del progreso general de la cultura humana; con esto, proporciona una medida para valorar dichos descubrimientos y enlazar los eslabones sueltos del conocimiento en la unidad de la concepción del mundo. A las teorías burguesas contemporáneas les son inherentes tendencias antifilosóficas. Dichas tendencias caracterizan, sobre todo, al neopositivismo, el cual declara que los problemas de la filosofía son seudoproblemas, pretende substituir el análisis filosófico del desarrollo de los conocimientos y de la práctica actuales por el análisis del «lenguaje de la ciencia», es decir, por el análisis lingüístico-semántico «de las formas externas del pensar», del idioma, de los sistemas de signos con que se expresa el pensamiento, &c. De este modo, la filosofía, en el fondo, se liquida como ciencia. De ahí que el único camino que queda para que la filosofía se desarrolle como ciencia es el del materialismo dialéctico continuador de las mejores tradiciones de la filosofía universal.

Filosofía analítica

Amplía corriente, bastante heterogénea, de la filosofía burguesa moderna; une distintos grupos, direcciones y filósofos que ven en el análisis del lenguaje el objetivo de la filosofía. Actualmente, la filosofía analítica se cultiva sobre todo en los Estados Unidos e Inglaterra; cuenta, asimismo ciertos partidarios y grupos en los países escandinavos, Finlandia, Australia, &c. En los Estados Unidos, esta corriente se halla representada por los filósofos del empirismo lógico y el neopragmatismo (Williard van Quine, N. Goodman, M. White). Existen, asimismo, varios analíticos americanos independientes, que no pertenecen a ninguna dirección determinada (Rog Wood Sellars y otros). En Inglaterra, la forma dominante de la filosofía analítica es la filosofía lingüística. Mantienen una posición próxima al empirismo lógico Ayer y Karl Popper. Todas esas tendencias de la filosofía analítica aparecen como variedades del neopositivismo. Caracteriza a la mayor parte de quienes la cultivan el trasladar el centro de gravedad, en la investigación, de los problemas gnoseológicos generales a las formas y a los recursos concretos del análisis del lenguaje. En este terreno pueden señalarse dos maneras fundamentales de enfocar las cuestiones: 1) se construyen lenguas artificiales «modélicas» de estructura lógica fijada con precisión (empirismo lógico, neopragmatistas, varios analíticos «independientes»). Tales investigaciones se basan en la lógica y en la semántica lógica; 2) Se investigan las lenguas naturales históricamente dadas (filosofía lingüística). En gran medida, los trabajos de los representantes modernos de la filosofía analítica dedicados al análisis del lenguaje pierden el carácter de investigaciones filosóficas o gnoseológicas en el sentido estricto de la palabra y se convierten en investigaciones concretas sobre lógica, acerca de problemas específicamente metodológicos o de lingüística, las cuales poseen, sin duda alguna, contenido científico. En cuanto a los problemas filosóficos generales, la filosofía analítica en realidad se aparta de ellos o bien les da una solución idealista equivocada.

Filosofía antigua

Nombre dado al conjunto de doctrinas filosóficas desarrolladas en la antigua sociedad griega esclavista desde fines del siglo VII a. n. e. y en la antigua sociedad esclavista romana a partir del siglo II a. n. e. hasta principios del siglo VI d. n. e. La filosofía antigua constituye un fenómeno peculiar, pero no aislado en el desarrollo de la conciencia filosófica de la humanidad. Se formó sobre la base de los rudimentos de astronomía, matemática, física, &c., que llegaron a las ciudades griegas desde el Oriente; como resultado de la elaboración de la mitología antigua en arte y poesía, y también a consecuencia de la liberación del pensamiento filosófico en lo que respecta a las representaciones mitológicas sobre el mundo y el hombre, representaciones que habían mantenido prisionero a dicho pensamiento. Ya en el siglo V a. n. e. surgieron sistemas filosóficos y cosmológicos en los cuales el mito se presenta no tanto como idea fundamental cuanto como recurso expresivo para formular el pensamiento. En el siglo VI a. n. e., e incluso en el V, la filosofía y el conocimiento de la naturaleza aún no había delimitado sus esferas. Como faltaban recursos de comprobación [178] experimental: el número de hipótesis ideadas era grande. Para la filosofía, tal multiplicidad de hipótesis significaba diversidad de tipos de explicación filosófica del mundo. Esta diversidad y el nivel de la elaboración, convirtieron la filosofía antigua en escuela del pensamiento filosófico para los tiempos posteriores. «...En las múltiples formas de la filosofía griega –escribió Engels– se contienen ya en germen, en génesis, casi todas las concepciones posteriores» (t. XX, pág. 369 - «Anti-Dühring» E.P.U., 1961, pág. 405). El punto de partida de la filosofía antigua fue el materialismo filosófico. Tales, Anaximandro, Anaxímenes, Heráclito, pese a todas las diferencias existentes entre ellos, suponían que todas las cosas proceden de un principio único y, además material. No obstante, sobre esta base ingenuamente materialista, se perfilaron pronto ciertas concepciones que condujeron más tarde al nacimiento del idealismo. Los brotes de escisión entre las corrientes materialistas y las idealistas se dieron ya en los pensadores griegos más antiguos. En la segunda mitad del siglo V y en la primera del IV a. n. e., se convirtieron en la oposición entre materialismo e idealismo. Con no menor claridad se presenta en la filosofía antigua la oposición entre el método dialéctico y el método metafísico del pensar. En esencia, muchos de los primeros filósofos griegos eran dialécticos, concebían la naturaleza como un todo y, por consiguiente, la veían en la interacción y concatenación de sus fenómenos. Durante el desarrollo de la filosofía antigua, que pasó de los mil años, el materialismo y el idealismo, la dialéctica y la metafísica constituidos en la antigua filosofía griega, experimentaron una compleja evolución que reflejaba, en última instancia, la dialéctica del desarrollo de la sociedad antigua. Fueron materialistas, en la filosofía antigua, Empédocles, Anaxágoras, Leucipo, y Demócrito. En las enseñanzas de Sócrates y, sobre todo, de Platón se formó la doctrina del idealismo filosófico, que se contrapuso en primer lugar al materialismo de los atomistas. Desde entonces, en la filosofía antigua se dibujan netamente dos líneas principales de desarrollo, en pugna: el materialismo y el idealismo (o bien, por decirlo con palabras de Lenin, la «línea de Demócrito» y la «línea de Platón»). Oscilando entre el materialismo y el idealismo, Aristóteles expuso también sus ideas en polémica con las doctrinas anteriores y contemporáneas a su tiempo. Resulta singularmente enérgica e ingeniosa la crítica aristotélica de la teoría de las «ideas» capital en el idealismo de Platón. En la época del helenismo, como reflejo de la crisis inicial de la polis en el sistema de esclavitud, la lucha de escuelas de la filosofía antigua vuelve a acentuarse. En aquel entonces se hizo particularmente intensa la pugna entre la escuela materialista epicúrea y la escuela estoica, en cuyas doctrinas, materialistas en el fondo, habían penetrado ampliamente elementos de idealismo. Se sitúan en primer lugar, entre los problemas filosóficos, los que conciernen a la ética, aunque basados en la concepción de la naturaleza y en la doctrina concerniente al saber y al pensar. Las escuelas filosóficas se convierten en comunidades cerradas de personas unidas por su indiferencia respecto a los acontecimientos exteriores y por un acentuado interés por las cuestiones éticas y la educación. Al mismo tiempo, cambia la relación entre la filosofía y las ciencias especiales, aparece un nuevo tipo de hombre culto y un nuevo tipo de literatura docta, especializada, al alcance sólo de los iniciados. En la época del Imperio Romano, período en que se agudiza la crisis de la sociedad esclavista, cobra mayores vuelos la búsqueda religiosa de la abnegación y de la resignación. De este a oeste penetra y se difunde una ola de cultos, doctrinas y misterios religiosos. La propia filosofía se vuelve religiosa y, en algunas escuelas, incluso mística. Tal ocurre con el neoplatonismo y el neopitagorismo. El primero influyó sobre el desarrollo de las doctrinas filosóficas del cristianismo. En el año 529, el emperador Justiniano decretó el cierre de las escuelas filosóficas de Atenas. Pero antes ya de este decreto e independientemente de él, el ciclo fundamental de las ideas de la filosofía antigua había llegado ya al término de su desarrollo.

Filosofía china

Posee una larga tradición histórica. Sus fuentes se remontan a los comienzos del primer milenio a. n. e. Ya en los siglos VIII-V a. n. e., había alcanzado amplia difusión la doctrina sobre las cinco «fuerzas ciegas o primeros elementos, de la naturaleza. Los pensadores de la antigua China enseñaban que las conexiones de los cinco «primeros fundamentos»: agua, fuego, metal, madera y tierra crean toda la diversidad de los fenómenos y cosas. Existía también otro sistema de clasificación de los «primeros fundamentos» del mundo real. En el «Libro de las transmutaciones» «Itszin») ya se citan [179] ocho «primeros fundamentos» de esa clase, cuya interacción da origen a las distintas situaciones de la realidad. No obstante, dicho libro no deja de ser, en el fondo, un texto de vaticinios. Sólo algo más tarde recibió interpretación filosófica. Las imágenes y el simbolismo del «Libro de las transmutaciones» ejercieron una extraordinaria influencia sobre el desarrollo ulterior de la filosofía china. Al mismo tiempo, se iban elaborando los principios capitales de la doctrina acerca de las fuerzas opuestas y recíprocamente ligadas, el yan y el yin, cuya acción era considerada como la causa del movimiento y de la variabilidad en la naturaleza. Eran los símbolos de la luz y de las tinieblas, los principios de lo positivo y de lo negativo, de lo masculino y de lo femenino en la naturaleza. La antigua filosofía china sigue desarrollándose en el período que abarca los s. V-III a. n. e. Precisamente durante ese período surgieron las principales escuelas filosóficas. Testimoniaron un profundísimo interés por las cuestiones filosóficas los partidarios del taoísmo, ante todo Lao-tse y Chuang-tse; de las investigaciones gnoseológicas se ocuparon sobre todo Mo Ti (Mo-tsé) y sus discípulos. Muchos pensadores de la antigua China se interesaron por la solución del problema lógico acerca de la relación entre el concepto («el nombre») y la realidad. Mo Ti, Siun-tsé y otros consideraban que los conceptos son un reflejo de los fenómenos y cosas objetivos. Da una explicación idealista del problema, Hunsun Lun, quien alcanzó notoriedad por sus exposiciones que recuerdan las aporías de Zenón, así como por entender con un criterio en extremo absoluto el concepto y separarlo de la realidad. Su doctrina sobre los «nombres» tiene mucho de común con la doctrina de las «ideas» de Platón. En el período indicado, Tsou Yan investigó las representaciones sobre las fuerzas yan y yin y los cinco «elementos» de la naturaleza. Alcanzaron amplia resonancia las doctrinas ético-políticas de Confucio y de Mencio (Men-tsé), las ideas de Han Fei-tsé y de otros representantes de la escuela de los «legistas» (fa kia) sobre el Estado y el derecho. Aquel fue el «siglo de oro» de la antigua filosofía china. En las cuestiones de filosofía natural, la lucha giró sobre todo alrededor de las representaciones sobre el «tian» –«cielo»–, que unos pensadores determinan como naturaleza (Siun-tsé) y para otros es una designación de una fuerza superior, rectora (Confucio, Mencio); sobre el «tao», «camino» (ley natural y absoluta), el «de», manifestaciones, cualidades; sobre el tsi, materia primera, «elementos» de la naturaleza, &c. En el campo de la ética y de la moral, se centró la atención en la teoría sobre la esencia del hombre. Las ideas de Confucio llevaron a las concepciones de Mencio sobre la bondad innata de la naturaleza humana y a las de Siun-tsé sobre la maldad innata de la misma. Gozaron de gran predicamento las teorías del individualismo, de Yan Chu, y del altruismo, de Mo-tse. Las concepciones de la filosofía de la naturaleza formuladas por los antiguos pensadores chinos se distinguen por la insuficiencia del material empírico aprovechado. Entre el siglo III a. n. e. y el III d. n. e., las numerosas teorías sobre la filosofía de la naturaleza y cosmológicas siguen basándose en la doctrina de las cinco «fuerzas ciegas» o elementos primarios y las fuerzas polares yan y yin. Las concepciones del tsi recibieron una interpretación materialista en el sistema, seriamente argumentado, de Van Chun. Al mismo tiempo se desarrollan distintas teorías místicas, se van perfilando corrientes religiosas en el taoísmo y en el confucianismo. En los primeros siglos d. n. e., el problema central de la lucha entre materialismo e idealismo pasa a ser el de la correlación entre el «ser» y el «no ser». En dicho período, como resultado de las influencias recíprocas, –y de la síntesis–, de las concepciones taoístas y confucianistas, se desarrollan las representaciones acerca de lo «inicial» (yuan), de la primera materia (tsi), del «tao» y otros fundamentos del ser. En el siglo I, en China empieza a penetrar y a difundirse el budismo, el cual, junto al confucianismo, y al taoísmo, se convierte en una de las tendencias dominantes del pensamiento chino. Los siglos V-VI transcurren bajo el signo del predominio del misticismo budista. En ese período, se sostuvo una lucha en torno a la doctrina budista sobre la irrealidad del mundo. Muchos pensadores manifestaron hondo interés por los problemas relativos a la correlación entre esencia y fenómeno, ser y no ser, cuerpo y alma. Los materialistas Je Chen-tian y Fan Chen sometieron a una crítica demoledora la creencia en la inmortalidad del alma. El budismo queda como la doctrina más difundida en los siglos VII-X. Los ataques al idealismo budista partían fundamentalmente del confucianismo y del taoísmo. Como resultado de hondos progresos económicos y sociales, en el período de los siglos X-XIII se produce un florecimiento de la filosofía china. El ulterior desarrollo de la doctrina confucianista, denominada neoconfucianismo, constituyó una reacción contra el budismo y el taoísmo. El neoconfucianismo no se limitaba ya a exponer ideas ético-políticas. En él figuran con mucha mayor amplitud y riqueza las cuestiones de ontología, de filosofía natural y de cosmogonía. El problema central era el de la relación entre el principio ideal li (ley, principio) y el principio material tsi (materia primera). Los primeros representantes del neoconfucianismo examinaban algunas cuestiones con un criterio materialista (Chou Tun-I, Chan Tsai). En el desarrollo y generalización de las ideas neoconfucianistas, corresponde un preeminente lugar a Chu Si. Respondiendo a la pregunta de qué conexiones se dan entre el li y el tsi, Chu Si sostenía, en última instancia, que el li es el elemento primario, y el tsi, el secundario. Cultivaron el idealismo subjetivo en el neoconfucianismo Lu Tsiu-yuan (Lu Sianshan) y, ante todo, Van Shou-zhen (Van Yan-min). Al primero de ellos pertenece la frase: «El mundo es mi intelecto (corazón), mi intelecto es el mundo. Al idealismo neoconfucianista se contraponían las doctrinas materialistas de Chen Lian, E. Shi, Lo Tsin-shun, Van Tinsian. En la lucha contra la escuela ortodoxa del neoconfucianismo desempeñó un gran papel la doctrina del pensador progresivo Li Chi. En los siglos XVII-XVIII sigue estudiándose el problema de la correlación entre el li y el tsi; lo resuelven en un sentido materialista Van Fu-Shi (Van Chuan-Shan) y Tai Zhen. La guerra del opio, en 1840, señaló el comienzo de la penetración extranjera en China. Al yugo feudal y a la agresión extranjera, el pueblo chino respondió con una poderosa sublevación campesina el movimiento «Tai-ping» en cuyo transcurso desempeñaron cierto papel ideas utópicas sobre la reestructuración de la sociedad. Posteriormente, cuando China quedó convertida en un país semicolonial, los pensadores progresivos (Tan Si-tun, Sun Yat-sen y otros) recogieron y continuaron las mejores tradiciones y las ideas materialistas de la filosofía china. Desde que, bajo la influencia de la Gran Revolución Socialista de Octubre, se produce el movimiento del 4 de mayo de 1919, se inicia una nueva etapa en el desarrollo, del pensamiento político social y filosófico de China. El marxismo-leninismo se convierte en el arma ideológica principal en la lucha por la independencia nacional y las transformaciones revolucionarias del país, y la clase obrera, encabezada por el Partido Comunista de China pasa a ser la fuerza social dirigente.

Filosofía de la historia

Así se denominaba, en la filosofía anterior a Marx, la esfera del saber que se ocupaba de los problemas relativos al sentido de la historia, a sus leyes, a la dirección fundamental del desarrollo de la humanidad. Desde el punto de vista histórico, la filosofía de la historia arranca de la Antigüedad grecorromana. En la Época Moderna, la cultivaron los pensadores de la Ilustración del siglo XVIII (Voltaire, Herder, Condorcet, Montesquieu). Los hombres de la Ilustración al combatir la teologización de la historia, teologización iniciada por San Agustín, introdujeron en la filosofía de la historia la idea de causalidad, elaboraron la teoría del progreso, expusieron la idea de que el proceso histórico constituía una unidad, explicaron que el medio geográfico y social influía sobre el hombre. En el desarrollo de la filosofía burguesa de la historia alcanzó una etapa superior la filosofía de Hegel quien concebía la historia como un proceso único, sujeto a ley, internamente necesario de autodesarrollo del espíritu, de la idea. Marx y Engels superaron la limitación de la filosofía de la historia, que se manifestaba en el carácter especulativo, apriorístico e idealista, de dicha filosofía. El descubrimiento del materialismo histórico, sirvió de base para crear una historia auténticamente científica. En la actual filosofía burguesa de la historia, las concepciones que gozan de mayor influencia son las de Toynbee y de Spengler. La mayor parte de los sociólogos e historiógrafos burgueses renuncian a la generalización filosófica de la historia, hecho que refleja el miedo de la burguesía ante las leyes históricas objetivas, que conducen al capitalismo a su fin. Ven la historia como una sucesión caótica de casualidades y rechazan los conceptos de causalidad, de sujeción a ley de progreso.

Filosofía de la identidad

Concepción filosófica que resuelve el problema de la correlación entre el pensar y el ser, entre el espíritu y la naturaleza, partiendo del reconocimiento de su identidad absoluta. Su principio básico se halla diametralmente opuesto al de los sistemas dualistas (Dualismo). La filosofa de la identidad, como concepción filosófica determinada está unida [181] al nombre de Schelling, quien, intentando superar el dualismo de los sistemas de Kant y de Fichte, presentó un nuevo principio inicial de la filosofía monista: el de la identidad absoluta entre lo subjetivo y lo objetivo, entre lo ideal y lo real. El principio de la identidad del pensar y del ser figura, asimismo, en la base del sistema hegeliano, mas Hegel desarrolla este principio de otra manera, pues concebía la identidad misma dialécticamente: no como algo absoluto e inmóvil, como una unidad indeterminada que se opone indiferentemente a la multiplicidad del ser, sino como la idea lógica que se desarrolla por sí misma y cuya determinación y diferenciación se encuentran en ella misma como su forma inmanente infinita. La particularidad específica de la filosofía de la identidad y la que la diferencia de otras concepciones idealistas objetivas no estriba en el reconocimiento de la identidad entre el pensar y el ser, sino en la concepción metafísica de dicha identidad. La filosofía de la identidad, que representa uno de los intentos de resolver el problema básico de la filosofía, suprime el problema disolviendo las diferencias entre espíritu y naturaleza, entre el pensar y el ser, en el seno de la substancia absoluta e inmóvil. En la historia de la filosofía, Parménides y Spinoza expusieron concepciones próximas a la filosofía schellingiana de la identidad. En nuestros días, algunas escuelas del neotomismo propagan las ideas de la identidad metafísica entre el pensar y el ser. La filosofía monista auténticamente científica es la filosofía marxista, que funda su monismo partiendo de las ideas de unidad material y desarrollo del mundo.

Filosofía de la vida

Corriente idealista subjetiva de la filosofía burguesa; surgió en Alemania y Francia en la linde del siglo pasado y del actual. Su principal antecesor ideológico fue Schopenhauer. El nacimiento de dicha filosofía se debió, en cierto modo, al rápido avance de la biología, de la psicología y de otras ciencias que descubrían la inconsistencia de la imagen mecanicista del mundo. La filosofía de la vida representó un intento de superar, desde posiciones idealistas, el carácter limitado del materialismo mecanicista. Su aparición señaló la crisis de la filosofía burguesa, su renuncia a la ciencia, el paso al irracionalismo y al nihilismo. Por su contenido objetivo, la filosofía de la vida constituyó una interpretación errónea, idealista, de la peculiaridad del proceso histórico-social. Se apoyaba en el concepto de la vida como principio absoluto e infinito del mundo, principio que, a diferencia de la materia y de la conciencia, se mueve de manera activa, diversa y eterna. No es posible comprender la vida gracias a los sentidos o al pensar lógico, sólo se llega a conocer intuitivamente, sólo es accesible a la vivencia (sobre todo a la religiosa). Dentro de la filosofía de la vida, cabe distinguir dos grupos principales: uno de ellos (Bergson) concebía la vida en un sentido biológico y hacía extensivas las propiedades biológicas a toda la realidad; el otro grupo (Nietzsche, Dilthey, Simmel) concebía la vida como voluntad, como vivencia interna, como juego irracional de las fuerzas espirituales. Las ideas centrales de la filosofía de la vida han servido de fuente ideológica al existencialismo.

Filosofía del lenguaje

(conocida también bajo el nombre de «análisis lógico», «análisis lingüístico», «filosofía del lenguaje corriente»). Una de las direcciones de la filosofía analítica. Se halla difundida sobre todo en Inglaterra (Gilbert Ryle, J. Austin, J. Wisdom, y otros). En los Estados Unidos, mantienen opiniones próximas a la filosofía lingüística M. Black, P. Malcolm y otros. La fuente ideológica de esta corriente ha sido la «filosofía del sentido común», de Moore y las ideas del Wittgenstein tardío. Lo mismo que otras escuelas del neopositivismo, la filosofía lingüística niega que la filosofía sea una concepción del mundo y tiene por seudoproblemas los problemas filosóficos tradicionales, como si surgieran por la incomprensión de la naturaleza real del lenguaje, en virtud del influjo desorientador de este último sobre el pensamiento. La filosofía en cambio, ha de aclarar las dificultades que se presentan a consecuencia del empleo equivocado de palabras y proposiciones. Como subrayan los representantes del grupo de Cambridge de la filosofía del lenguaje, la filosofía está llamada a desempeñar una función «terapéutica» a curar los achaques de nuestro lenguaje. En su afán de «superar la metafísica», los partidarios de la filosofía del lenguaje no sólo desechan la «metafísica ontológica» de la filosofía tradicional, sino que, además, negando toda posibilidad de que exista una concepción filosófica sin fisuras, niegan asimismo la «metafísica» gnoseológica del positivismo lógico con su principio de lo «dado [182] directamente», con el principio de verificación y otros. Ahora bien, es, precisamente la renuncia al carácter ideológico de la filosofía lo que hace de la filosofía del lenguaje la forma extrema y más reaccionaria del positivismo. Los partidarios de la filosofía del lenguaje, ante todo los del grupo de Oxford, considerando que el objetivo único de la filosofía es el análisis del lenguaje, no hacen objeto de su atención –a diferencia de los positivistas lógicos– los modelos artificiales de lenguaje, sino la lengua coloquial. Parten, para ello, de un principio verdadero, a saber: que no es posible expresar de manera exhaustiva la riqueza de los lenguajes hablados naturales, en los esquemas de algún «lenguaje ideal». No obstante, al renunciar al análisis de toda la problemática gnoseológica (relación entre el lenguaje y el pensar, lazos de lenguaje con los procesos de la actividad cognoscitiva para formar las imágenes mentales, génesis de las formas de lenguaje, &c.) cuyo contexto es el único en que pueden ser estudiados con éxito los fenómenos del lenguaje, la filosofía del lenguaje condena las investigaciones a una descripción superficial de los tipos distintos del uso de las expresiones en el lenguaje, cierra el camino al estudio de una auténtica elucidación de la esencia de aquél y llega, en última instancia, al convencionalismo en su manera de interpretarlo. Según la filosofía lingüística, el lenguaje es un medio para construir el mundo, no para representarlo; se transforma en algo místico, en una fuerza que se justifica por sí misma. La justa crítica de los intentos llevados a cabo para reconstruir de manera íntegra el lenguaje en el esquema de un «lenguaje ideal» está acompañada también, en la filosofía del lenguaje, de la renuncia a la investigación del lenguaje en general a partir de la base de alguna totalidad en la plataforma teórica. Resulta, pues, que al eludir la resolución de los problemas filosóficos básicos, la filosofía del lenguaje fracasa también en la esfera a que reduce, ilegítimamente, la investigación filosófica.

Filosofía especulativa

1. Sistema de principios filosóficos estructurado sin recurrir a la experiencia. El filósofo especulativo, partiendo de la «fuerza pura de la inteligencia», establece determinados principios con los cuales intenta abarcar toda la realidad objetiva. No obstante, ni un solo sistema especulativo ha resistido la prueba del tiempo, ya que la realidad, en última instancia, ha resultado ser inconmensurablemente más rica que cualquier variedad de la filosofía especulativa. Si ésta contiene algunas conclusiones acertadas, se debe tan sólo a que presenta como definiciones especulativas suyas, propiedades de la realidad misma. El primer filósofo especulativo consecuente fue Descartes. En la actualidad, emplean en gran escala el método especulativo los escolásticos (Neotomismo).

2. Sistemas filosóficos de Fichte, Schelling y, ante todo, de Hegel, inferidos de un principio, mediante el método deductivo dialéctico. Según Hegel, el examen especulativo es sinónimo de análisis dialéctico. Los resultados obtenidos por esta corriente de la filosofía especulativa se explican por el hecho de que la investigación de la dialéctica de las ideas permitía conjeturar algunos aspectos de la realidad misma. No obstante, la tendencia a explicar mediante las especulaciones, costara lo que costara, la realidad entera, condujo a los representantes de dicha filosofía especulativa a la subordinación servil al objeto, de modo que se veían obligados a construir como absolutamente necesarias y universales las determinaciones más casuales e individuales del objeto. 3. En el amplio sentido de la palabra, por pensamiento especulativo se entiende el pensamiento teórico.

Filosofía india

En la India, la filosofía surgió sobre la base de una de las civilizaciones humanas más antiguas; sus tradiciones milenarias, que se remontan a los siglos X-XV a. n. e., se han conservado hasta nuestros días. En la historia de la filosofía india suelen distinguirse cuatro períodos: 1) el período védico; 2) el período clásico o brahmano-budista, desde el siglo VI a. n. e. hasta el X d. n. e.; 3) el período postclásico o hinduista, siglos X-XVIII; 4) la filosofía india moderna, contemporánea. Ya en los primeros momentos del pensamiento indio, en los Vedas, junto a los himnos en honor de numerosos dioses, se encuentra el concepto de un orden mundial único, el concepto de «Rita». Los comentarios religioso-fílosóficos a los Vedas, los Upanishadas, contienen ideas en gran medida determinantes de todo el ulterior desarrollo de la filosofía india (sobre la unidad del alma universal, el brahmán, y del alma individual, el atmán; sobre la inmortalidad del alma, que pasa de una reencarnación a otra según la ley del karma o recompensa). Junto a las doctrinas místicas, idealistas religiosas, en los [183] Upanishadas encontraron asimismo un reflejo las concepciones de los antiguos materialistas y ateos, quienes rechazaban la autoridad de los Vedas, la existencia del alma después de la muerte del hombre, y consideraban como base primera del mundo uno de los principios materiales: fuego, agua, aire, espacio o tiempo. Durante el período clásico, la filosofía india se desarrolla bajo una fuerte influencia de los Vedas y de los Upanishadas. En los tiempos del filósofo indio medieval Madjavachara (siglo XVI) se estableció la tradición de dividir todas las escuelas filosóficas en ortodoxas, que reconocen la autoridad de los Vedas, y no ortodoxas, que rechazan la infalibilidad de los mismos. Entre las escuelas ortodoxas, seis se consideran principales, a saber: mimansa, sankjia, yoga, niaia, vaisheshika y vedanta. A las escuelas no ortodoxas pertenecen las budistas, las jainistas y numerosas escuelas ateas, de las que alcanzó mayor difusión la escuela charvaka (Lokaiata). Pese a que semejante división tiene bases históricas, vela el resorte capital del desarrollo de la filosofía: la lucha entre materialismo e idealismo. Tanto en las fuentes budistas como en las brahmánicas, ante todo se condenan las escuelas materialistas. Shankara, el filósofo más destacado de los vedantas, ataca furiosamente las ideas materialistas de los pensadores de la escuela sankjia, el empirismo de la niaia y de la vaisheshika. Se manifiesta disconforme con el sentido común de la escuela niaia y se aproxima a las escuelas idealistas y místicas del budismo. En el seno del budismo, las escuelas idealistas de los madjiamikas y de los yogacharos lucharon contra las doctrinas materialistas de los tjeravdinos y de los sarvastivadinos. Las enconadas discusiones entre las distintas escuelas filosóficas dieron origen a la ciencia sobre el arte de la discusión, sobre las fuentes del saber y el carácter fidedigno del conocimiento: la lógica. Las primeras referencias a la lógica india pueden hallarse ya en las lejanas fuentes búdicas (siglo III a. n. e.); después, la lógica se desarrolla en la escuela niaia y, más tarde, en los tratados de los lógicos budistas Dignagui, Djarmikirti y otros. A fines del período clásico, el jainismo pierde su importancia y el budismo es desplazado de la India. Durante el período hinduista, se desarrollan los sistemas vishnuita y shivaita del hinduismo, en los cuales se enseñaba que el brahmán Upanishad es el dios Shiva o Vishnú. A partir de los siglos V-VII, se fortalecen el tantrismo y el shaktismo. En el siglo X, bajo el influjo del Islam, penetran doctrinas monoteístas (kabir-panji, sikji). En la época contemporánea, el desarrollo de la filosofía se efectuó bajo la bandera de la lucha por la liberación nacional del pueblo indio contra el dominio inglés. El carácter de la nueva filosofía india ha sido determinado por el hecho de que al frente del movimiento de liberación nacional se ha encontrado la burguesía india, cuyos ideólogos se orientan hacia el renacimiento de las tradiciones religiosas y filosóficas nacionales. Ello ha conducido a la aparición del teísmo modernizado de Brahma-samai y de Aria-samai, del panteísmo y del idealismo, de la doctrina de Tagore, de Gandhi, de Aurobindo Gjosh. Los filósofos indios de nuestros días (Sarvepali Radjakrishnan y otros) propugnan la unión de la ciencia y de la técnica occidentales con los «valones espirituales» del Oriente. En la actualidad, la ideología dominante en la India es la doctrina de Gandhi sobre la «no violencia» y el denominado «socialismo democrático» de Nehru. Después de la Gran Revolución Socialista de Octubre, en la India se difunden las ideas de la filosofía marxista-leninista.

Filosofía japonesa

Las primeras doctrinas filosóficas del Japón se constituyeron en la época del feudalismo. La filosofía japonesa se desarrolló bajo la influencia de la antigua filosofía china de la naturaleza, de la doctrina ético-política del confucianismo, del budismo y, luego, del neoconfucianismo. Los fundadores del idealismo neoconfuciano japonés fueron Fudziwara Seika (1561-1619) y Hayasi Radzan (1583-1657). Su escuela («Siusi gakuja») propagaba la doctrina del filósofo chino Chu Si. Los neoconfucianos japoneses enseñaban que sobre el universo impera el «taikioku» o «mukioku» –el «gran límite» o «lo ilimitado»–, fuerza universal y sobrenatural, privada de cualidades y de formas, inaccesible a la percepción humana; el absoluto místico «taikioku» constituye la base del principio ideal «ri» (li), enlazado con el principio material «ki» (tsi) y capaz de crear la naturaleza física de las cosas y del hombre. Los neoconfucianos procuraban fundamentar los dogmas del confucianismo clásico acerca de las eternas relaciones de subordinación (del hijo al padre, del súbdito al emperador, de la esposa al marido, &c.). En ese período, actuaban también escuelas del confucianismo clásico con Yamaga Soko (1622-85) y Butsu (Oguiyu) Sorai (1666-1728) al [184] frente, así como de los partidarios del idealismo subjetivo del filósofo chino Wan Chou-Jen (Wan Yan-Min), la escuela «Oiomeigakuja» dirigida por Nakae Todzio, (1608-48). Frente a las corrientes idealistas dominantes en la filosofía japonesa, se formaron concepciones materialistas. Para el desenvolvimiento de la filosofía materialista en el Japón y para socavar el dominio del idealismo confuciano y neoconfuciano, así como de la mística budista, fue de extraordinaria importancia el que los filósofos japoneses entraran en conocimiento de las teorías expuestas por los pensadores de Europa occidental (Francis Bacon, Gassendi, Hobbes, Copérnico, Galileo, y otros). Contribuyeron en gran manera a desarrollar la ideología social contra el feudalismo de las ideas materialistas y ateas las obras de Kaibara (Ekiken) Ekken (1630-1714), de Muro Kiusa (1658-1734), de Ito Dzinsai (1627-1705), de Yamagata Siunan (1687-1752). A la época feudal (fines del s. XVII-comienzos del XVIII) corresponde la actividad del filósofo materialista y ateo Ando Sioeki. Rechazando la idea neoconfuciana de un principio ideal «ilimitado» Ando Sioeki defendía la tesis de que la verdadera ley de la naturaleza estriba en «un proceso incesante de formación». En sus ideas acerca de la naturaleza y sus leyes, hay elementos de dialéctica. El universo, según afirmación de Ando Sioeki, se compone de cinco elementos materiales infinitos, que actúan espontáneamente. Ando Sioeki era un decidido enemigo del régimen feudal, un propagandista de concepciones ilustradas de vanguardia. Negaba la idea de la desigualdad innata de los seres humanos y consideraba que la fuente del mal social se encontraba en la propiedad privada, pero las reivindicaciones sociales del pensador eran utópicas. Para establecer la igualdad, los hombres han de pasar al laboreo colectivo de la tierra, cosa que conducirá a la igualdad social, al florecimiento de los oficios y de las artes. Atestiguaron una firme renuncia al escolasticismo confuciano los brillantes elementos materialistas contenidos en las obras del filósofo de la naturaleza Miura Baien (1723-89). Actuaron como paladines del pensamiento materialista y ateo en la filosofía japonesa, Minagava Vakien (1716 - 1804), Jiraga Guensai (1726-79), Yamagata Banto, (1761-1801) y Kamada Riukiu (1754-1821). En la segunda mitad del siglo XIX, un elemento esencial influyó sobre el desenvolvimiento de la filosofía japonesa, a saber: la inacabada revolución burguesa de 1867-68. Las ideas filosóficas, en dicho período, se fueron desarrollando en el proceso de la lucha entre los filósofos «kanrió gakusia» («doctos de la burocracia») y «minkan gakusia» («doctos, del pueblo»). Fueron representantes de los «kanrió gakusia» (se consideraban llamados a «desarrollar la cultura según los planes, gustos y esfuerzos de las alturas») Nisi Amane (1826-94) y Kato Jiroiuki (1836-1916). Los mismos procuraban coordinar elementos del confucianismo con las ideas de la filosofía idealista de Europa occidental (de Mill, Bentham, Comte y Spencer, entre otros). Nisi fue el primero en introducir el término «tetsugaku», «filosofía». Fue un ilustre representante de los «minkan gakusia». Fukudzawa Yukiti (1834-1901). Rechazaba las ideas darvinistas sociales de Kato Jiroiuki y abogaba en favor de la igualdad social. El ideólogo del régimen monárquico japonés fue el idealista y ecléctico Inoue Tetudziro (1855-1944). Se manifestaba contra el empirismo inglés, intentaba sintetizar las ideas del confucianismo, del neoconfucianismo, del sintoísmo, y del budismo con las ideas de la filosofía clásica alemana (especialmente de Hegel y de Eduard Hartmann) y del empiriocriticismo. Su doctrina ecléctica se convirtió en la base filosófica de la ideología del «Japonismo». La filosofía de Inoue tuvo un enemigo –que lo era, en principio, de todo idealismo– en el filósofo materialista y ateo Nakae Tiomin (1847-1901), quien ejerció una gran influencia sobre el avance de la ideología progresiva, científica y social, del Japón. Al entrar este país en la fase imperialista, las escuelas filosóficas idealistas recibieron un apoyo cada vez más activo. Se crearon en las universidades cátedras especiales para difundir las ideas de la filosofía clásica alemana y del idealismo más reciente (fenomenología, filosofía de la vida, pragmatismo y existencialismo). La filosofía que alcanza mayor difusión es la de Nisida Kitaro (1870-1945), quien intentaba expresar las ideas del budismo-zen con los conceptos y principios de la filosofía idealista de Europa occidental. En la doctrina de Nisida, se combinaban eclécticamente las ideas de la filosofía clásica alemana, del neokantismo, del intuitivismo, del pragmatismo y del existencialismo. La Gran Revolución Socialista de Octubre, la crisis general del capitalismo, los éxitos del movimiento obrero japonés han contribuido a que en el Japón penetrara y se difundiera la filosofía marxista. Las ideas [185] marxistas-leninistas, a despecho de la persecución a que las someten los reaccionarios japoneses, han hallado cada vez más partidarios entre los filósofos profesionales. En el Japón, han sido activos propagandistas de una concepción del mundo, científica, marxista, Tosaka Dziun (1900-45); Kavakami Jadzime (1879-1946), traductor de «El Capital», de Marx; Kagata Jirosi (1904-47), autor de una nueva traducción, mejorada, del libro de Lenin «Materialismo y empiriocriticismo». Ha hecho suyas, después de madurada reflexión, las ideas del marxismo, Yanaguida Kendziuro (nacido en 1893), hombre público progresivo, enemigo del militarismo y de la reacción.

Filosofía marxista soviética

Surgió después de la Revolución Socialista de Octubre. En los primeros años de su existencia, la filosofía marxista soviética se desarrolló en lucha contra los vestigios de la vieja filosofía burguesa y también contra las teorías filosóficas del menchevismo, del machismo ruso (Bogdánov y otros), &c. En 1922 se fundó la primera revista filosófica marxista «Bajo la Bandera del Marxismo» («Pod známienem marxisma») en cuyo tercer número se publicó el artículo de Lenin «Sobre el significado del materialismo militante» dedicado a los objetivos de la revista y del desarrollo de la filosofía marxista soviética. Este artículo de Lenin, lo mismo que sus otros trabajos teóricos, ejerció una influencia decisiva sobre toda la actividad ulterior de los filósofos soviéticos. La tarea fundamental de los primeros años estribaba en formar nuevos filósofos estrechamente unidos al Partido Comunista y a la lucha por la reestructuración socialista del país. La lucha de clases del primer período de la existencia del Estado soviético halló su expresión en todos los sectores de la ideología, incluido el de la filosofía. A fines de la década de 1920 y comienzos de la siguiente, se desplegó la crítica contra las recaídas en el materialismo mecanicista (Nikolái Ivanovich Bujarin, A. I. Variash, V. N. Sarabianov y otros) y también contra las manifestaciones del idealismo menchevizante (grupo de Abram Moiséievich Deborin), cuya esencia consistía en identificar la dialéctica marxista con la hegeliana, en separar la teoría de la práctica, subestimar la etapa leninista en el desarrollo de la filosofía, &c. Aparecieron los primeros manuales en que se explicaba el contenido del materialismo dialéctico e histórico. En la revista «Bajo la Bandera del Marxismo» (dejó de publicarse en 1944) y en otras publicaciones, se estudiaban los problemas fílosóficos que planteaba la edificación de la sociedad socialista, la revolución cultural; partiendo de la filosofía marxista, se daba la correspondiente interpretación de la historia de la filosofía del pasado, se luchaba por establecer una alianza con los naturalistas, para lograr que éstos adoptaran los principios del materialismo dialéctico. Las obras «Dialéctica de la naturaleza» de Engels, y «Cuadernos filosóficos», de Lenin, publicadas por primera vez en 1925 y 1929 respectivamente, impulsaron la investigación de nuevas cuestiones. No obstante, el progreso de la filosofía soviética, lo mismo que el de otras ciencias sociales, se vio seriamente obstaculizado durante los años del culto a la personalidad de Stalin, cuyo trabajo «Sobre el materialismo dialéctico y el materialismo histórico» fue declarado, sin motivo alguno, punto culminante de la filosofía marxista. La crítica del culto a la personalidad llevada a cabo por el Partido y las resoluciones del XX Congreso del P.C.US. iniciaron una nueva etapa en el desarrollo de la filosofía soviética. Dicha etapa se caracteriza por la sensible ampliación de los temas objeto de investigación filosófica y por el examen mucho más profundo, de los problemas actuales de la ciencia filosófica moderna. Ha empezado a ocupar un lugar importante el estudio de la herencia filosófica de Lenin. Se han redactado nuevos textos y manuales superando los rasgos de dogmatismo vinculados al culto a la personalidad de Stalin. La dirección básica que sigue la filosofía soviética en su desarrollo, está condicionada por los objetivos de la edificación comunista tal como han sido definidos en las resoluciones de los Congresos XX y XXII del P.C.U.S. y en su nuevo programa. Las resoluciones del Partido, que generalizan la práctica de la edificación comunista en la U.R.S.S. y de todo el desarrollo mundial, se hallan colmadas de profundo contenido filosófico, ponen de manifiesto, científicamente, las leyes del desarrollo de la sociedad en las actuales condiciones. Muchos filósofos soviéticos, especialmente sociólogos, trabajan en torno a las leyes de la edificación comunista, a la dialéctica del paso del socialismo al comunismo, al desarrollo del Estado soviético, a la fusión de las dos formas de propiedad socialista en la forma comunista, a la superación de las [186] diferencias esenciales entre la ciudad y el campo, entre el trabajo físico y el intelectual, al progreso de la cultura socialista y otros. (G. M. Gak, G. I. Glezerman, L. F. Ilichov, F. V. Konstantinov, T A. Stepanián, V. P. Tugarinov, P. N. Fedoséiev, V. A. Fominá, G. P. Frántsev, D. I. Chesnokov y otros). Aunque las investigaciones sociales concretas ocupan todavía un lugar insuficiente en las publicaciones filosóficas, durante los últimos años han aparecido trabajos consagrados a la elevación del nivel cultural y técnico de la clase obrera, a la desaparición de las diferencias entre la ciudad y el campo, a la superación de las supervivencias religiosas, &c. Ocupan un importante lugar en las investigaciones de los filósofos soviéticos las cuestiones del materialismo dialéctico. Las más importantes de todas ellas son las que están relacionadas con la generalización de los resultados obtenidos por la moderna ciencia natural, con la ulterior elaboración de la dialéctica materialista, de las nuevas formas en que sus leyes aparecen en la sociedad socialista, con el estudio de los problemas de la lógica dialéctica y de la teoría del conocimiento. Guiándose por las indicaciones de Lenin, los filósofos soviéticos investigan la lógica de «El Capital», utilizándola para el estudio de los problemas de la lógica dialéctica y de la teoría del conocimiento; analizan las categorías del materialismo dialéctico, trabajan en el problema del sistema materialista de categorías, en las cuestiones filosóficas de la ciencia natural (I. V. Ilenkov, B. M. Kédrov, P. V. Kopnin, I. Kolman, I. V. Kuznétsov, V. I. Omelianovski, M. N. Rutkiévich, V. I. Svicliersk, E. P. Sitkovski, A. G. Spirkin, B. S. Ukraintsev, V. P. Chertkov y otros). Es muy importante el trabajo que llevan a cabo los filósofos soviéticos en lo tocante a la investigación marxista de la historia universal de la filosofía. En el transcurso de los últimos años, se ha realizado una seria labor en el estudio de la filosofía materialista rusa; un grupo de filósofos se dedica a la investigación crítica de la filosofía burguesa actual (V. F. Asmus, M. P. Baskin. B. E. Bijovski, A. M. Deborin, M. A. Dinnik, M. T. Iovchuk, I. S. Kon, G. A. Kursánov, M. O. Makovielski, I. K. Melvil, M. B. Mitin, J. N. Momdzhian, I. S. Narski, T. I. Oizerman, O. V. Traitenberg, B. A. Chaguin, I. I. Shchipánov y otros). La edificación comunista ha planteado como una de las tareas más importantes en el campo de la filosofía, la de elaborar los problemas de la moral comunista, de la ética marxista, de la lucha contra las supervivencias del capitalismo en la conciencia y en la conducta de los hombres, contra la influencia de la concepción religiosa del mundo, &c. A estos problemas están dedicados los trabajos de varios filósofos (I. A. Levada, A. F. Shishkin y otros). Durante los últimos años, los filósofos soviéticos dedican gran atención al examen de los problemas de la estética: historia de las ideas estéticas, de las categorías de la estética, de la teoría del realismo socialista, crítica de las concepciones estéticas burguesas, &c. (I. B. Bórev, A. G. Iegórov, M. A. Lifshits, M. F. Ovsiánnikov, Z. V. Smirnova, G. M. Friedländer y otros). Mientras que antes los filósofos soviéticos que trabajaban en la esfera de la lógica formal se ocupaban sobre todo de estudiar las cuestiones de la lógica tradicional, últimamente han empezado a ocuparse con preferencia de las cuestiones actuales de la ciencia lógica que requieren se generalice con un criterio materialista dialéctico los resultados de la lógica matemática, de la semántica y otros (K. S. Bakradze, I. K. Voishvilo , D. P. Gorski, A. A. Zinóviev, P. S. Popov, P. V. Tavanets, S. A. Ianóvskaia y otros). Han aparecido trabajos consagrados al análisis filosófico de la cibernética, a su esencia, a su relación con otras ciencias, al estudio de las cuestiones psicológicas en general y de la psicología social en particular (B. G. Ánaniev, A. N. Leontiev, S. L. Rubinstein, B. M. Tieplov y otros). Los filósofos soviéticos se encuentran ante grandes tareas, la más importante de las cuales consiste en generalizar más profundamente los procesos reales de la edificación comunista, del desarrollo de la nueva cultura, de la formación del hombre de la sociedad comunista, de la gran moral humana del comunismo.

Filosofía medieval en los países de la Europa occidental

Filosofía de la sociedad feudal del Occidente de Europa en la época comprendida entre el hundimiento del Imperio romano (siglo V) hasta la aparición de las formas tempranas de la sociedad capitalista (siglos XIV-XV). Al derrumbarse la sociedad esclavista grecorromana, se produjo también una decadencia de la filosofía. La herencia filosófica clásica se perdió y hasta la segunda mitad del siglo XII permaneció desconocida de los sabios de la Europa Occidental. La ideología imperante fue [187] la religiosa: en el Cercano Oriente, en Arabia y en los países de lengua árabe, musulmana; en Europa, cristiana, en dos variantes (catolicismo romano y ortodoxia bizantina). La escuela y la instrucción pasaron a manos de la Iglesia, cuyos dogmas figuraban en la base de todas las representaciones acerca de la naturaleza, del mundo y del hombre. El desarrollo de las escuelas (seglares y eclesiásticas) así como, desde mediados del siglo XII, la creación de las primeras universidades (en Italia, Inglaterra, Bohemia y Francia) plantearon a la filosofía el problema de ayudar a la Iglesia a explicar e incluso fundamentar filosóficamente los dogmas de la fe. Durante varios siglos, la filosofía se convirtió en la «sierva de la teología». Ya había desempeñado esta función, en la obra de los apologistas, defensores del cristianismo contra el paganismo, como también, más tarde, en los trabajos de los «padres de la Iglesia». En Occidente, el más importante de todos ellos, Agustín (354-430) introdujo en el sistema de doctrinas de la filosofía cristiana varias ideas del neoplatonismo. Constituyeron otra de las fuentes –para el Occidente– de esta influencia, adaptada a los objetivos de la ideología cristiana, los neoplatónicos orientales, entre ellos el denominado seudo Dionisio, el Areopagita (siglo V). Una de las personalidades que dejó más profunda huella en la filosofía del Medioevo fue Juan Escoto Erigena. Al explicar los dogmas de la fe, los filósofos medievales se encontraron con una serie de complejos problemas acerca de la relación entre lo singular y lo general y respecto a la realidad de lo general. En dependencia del procedimiento que empleaban para resolverlos, la filosofía escolar, que fue denominada escolástica, elaboró varios puntos de vista entre los cuales se destacaron como más importantes las doctrinas del realismo (Realismo medieval) y del nominalismo, que se combatieron recíprocamente. En el siglo XII, Pedro Abelardo se manifestó contra las posiciones extremas de ambos puntos de vista. Desde mediados del siglo XII, las obras principales de Aristóteles se tradujeron al latín. Las teorías aristotélicas, acogidas al principio hostilmente por la Iglesia, se tomaron pronto como base filosófica del cristianismo. Desde entonces, los maestros de escolástica se convirtieron en exégetas y sistematizadores de Aristóteles. Adaptaron el aristotelismo a sus conceptos religiosos y filosóficos, aprendieron dogmáticamente las partes envejecidas de la concepción del mundo de Aristóteles (por ejemplo, el sistema geocéntrico, los principios de su física), rechazaron toda búsqueda de lo nuevo en la ciencia. Los sistematizadores principales de la escolástica, en el siglo XIII, fueron Alberto Magno, Tomás de Aquino y Juan Duns Escoto. La Iglesia ha concedido la máxima valoración a la obra y a la doctrina de Tomás: le ha incluido en el número de sus «santos» y, en la segunda mitad del siglo XIX, declaró su sistema, doctrina filosófica oficial de la Iglesia (Neotomismo). En el siglo XIII, al mismo tiempo que los tres sistematizadores de la escolástica, actuaron varios eminentes filósofos, entre los cuales se destaca como más importante Roger Bacon. En su doctrina resuena ya la protesta contra las bases sociales del feudalismo. El crecimiento registrado en el siglo XIII, de las ciudades medievales, de la artesanía y del comercio, así como de las vías de comunicación y el incremento de las relaciones con el Oriente durante las Cruzadas, originaron cierto auge de la filosofía, en particular del nominalismo, del que Guillermo de Occam se convirtió en su figura más eminente, seguido por sus discípulos de la escuela occamista de París. En la filosofía medieval, la lucha ideológica no se planteaba sólo como lucha interna de la escolástica. A esta misma se contraponía la mística, que situaba la autoridad de la Iglesia y sus doctrinas en un plano inferior al del testimonio del sentimiento, personal y de la conciencia subjetiva. En la vida espiritual del feudalismo, la mística se convertía con frecuencia en la forma que adoptaba la oposición contra la doctrina religiosa oficial y obligatoria: la actitud personal del creyente respecto a Dios se convertía en crítica e incluso en lucha contra la ideología y contra el sistema social del feudalismo. Pero en la mística existía también una corriente reaccionaria (Bernardo de Clairvaux, Buenaventura). En el siglo XIII, apareció en la filosofía medieval un fuerte movimiento antiescolástico fecundado por la teoría de Averroes acerca de la mortalidad del alma individual y respecto a la razón, común a todos. Desarrolló valientemente las ideas de Averroes, el luchador contra la escolástica en la Universidad de París, Siger de Brabante, quien padeció una muerte atroz en 1282. Ya a principios del siglo XII, para aplastar las manifestaciones heréticas y hostiles a la Iglesia, así como para luchar contra nuevas ideas filosóficas, fueron instituidas las órdenes monásticas de dominicos y franciscanos. [188] Fueron precisamente sabios de estas dos órdenes quienes, en el siglo XII dieron cumplimiento al proyecto del Papa Gregorio IX en el sentido de «corregir» la doctrina de Aristóteles en interés de la ideología católica. Pese al relativo auge que experimentó la filosofía medieval en el siglo XIII, los resultados a que ésta, llegó durante más de mil años de desarrollo fueron sumamente pobres tanto para la filosofía como para la ciencia, ya que incluso los grandes pensadores buscaban no tanto la verdad cuanto los procedimientos para fundamentar la fe, y el régimen espiritual de la sociedad, en el Medioevo; aherrojaba la iniciativa y el vuelo del pensamiento de quienes se atrevían a rebasar los límites del cometido indicado. Únicamente el surgimiento de un nuevo método de producción, el capitalista, y de una nueva manera de concebir los objetivos prácticos y teóricos de la ciencia liberó gradualmente, del cautiverio de la filosofía medieval, al pensamiento de los hombres avanzados de la sociedad del Occidente de Europa.

Filosofía natural

(del latín «natura»: naturaleza). Filosofía acerca de la naturaleza, a la que interpreta en un plano eminentemente especulativo considerándola en su totalidad. Los límites entre la ciencia y la filosofía naturales, así como el lugar de la filosofía natural en el sistema de las otras disciplinas filosóficas, han cambiado en la historia de la filosofía. En la Antigüedad, la filosofía natural se fundía, de hecho, con la ciencia de la naturaleza, y en la época clásica a menudo se denominaba física. Era propio de la antigua filosofía natural dar una interpretación dialéctica espontánea e ingenua de la naturaleza como un todo concatenado y vivo, considerar idénticos el microcosmo (el hombre) y el macrocosmo (la naturaleza) (Hilozoísmo). También formaban parte orgánica de la filosofía natural la cosmología y la cosmogonía. Hasta en la escolástica medieval se encuentran elementos de dicha filosofía, que estribaban, ante todo, en la adaptación de ciertos principios de la filosofía natural y de la cosmología aristotélicas a la imagen geocéntrica del mundo. Durante el Renacimiento, la filosofía natural alcanza gran difusión (conserva en lo fundamental los conceptos y principios de la filosofía natural de la época grecorromana, pero se basa en un nivel más elevado de los conocimiento científico-naturales) y en su lucha contra la visión escolástica de la naturaleza desarrolla diversas y profundas ideas materialistas y dialécticas, por ejemplo la de infinitud de la naturaleza y la de innumerabilidad de los mundos que la componen (Bruno), la de coincidencia de contrarios en lo infinitamente grande y en lo infinitamente pequeño (Nicolás de Cusa, Bruno). En el siglo XVII, aunque de la filosofía de la naturaleza se separan varias ramas de las ciencias naturales, ante todo la matemática y la mecánica, aquélla se sigue concibiendo como formando una estrecha unidad con dichas ciencias. No es una casualidad que la obra principal de Newton, en la que se formulan los principios de la mecánica y de la astronomía, se denomine «Principios matemáticos de la filosofía natural». En el siglo XVIII, en la filosofía de la Ilustración francesa y europea y en la del materialismo, la filosofía natural formula la idea de la conexión enciclopédica de todas las ciencias, que se amplían y ahondan en comparación con el siglo precedente. A fines del siglo XVIII y comienzos del XIX, alcanzó importante relieve la filosofía natural de Schelling, en la cual, aunque sobre una base idealista, se formulaba la idea de la unidad de las fuerzas de la naturaleza, se generalizaban varios importantes descubrimientos científicos de la época. Uno de los discípulos de Schelling, Oken, expuso la idea de que el mundo orgánico estaba sujeto a desarrollo. Caracterizando la filosofía de la naturaleza, escribió Engels que ésta « ... no tenía más remedio que suplantar las concatenaciones reales, que aún no se habían descubierto, por otras ideas, imaginarias, sustituyendo los hechos ignorados por figuraciones, llenando las verdaderas lagunas por medio de la imaginación. Con este método llegó a ciertas ideas geniales y presintió algunos de los descubrimientos posteriores. Pero también cometió, como no podía por menos, absurdos de mucha monta. Hoy, cuando los resultados de las investigaciones naturales sólo necesitan enfocarse dialécticamente, es decir, en su propia concatenación, para llegar a un «sistema de la naturaleza» suficiente para nuestro tiempo, cuando el carácter dialéctico de esta concatenación se impone, incluso contra su voluntad, a las cabezas metafísicamente educadas de los naturalistas; hoy, la filosofía de la naturaleza ha quedado definitivamente liquidada. Cualquier intento de resucitarla no sería solamente superfluo: significaría un retroceso (Marx y Engels, t. XXI, págs. 304-305 - Marx y Engels, «Obras escogidas», Ed. esp., Moscú, 1952, t. II, pág. [189] 363). Posteriormente (fines del siglo XIX y comienzos del XX) dieron un paso atrás semejante Ostwald, Avenarius, Lipps, Driesch y otros filósofos idealistas que intentaron superar, con ayuda de la filosofía de la naturaleza, la crisis de la novísima ciencia natural.

Filosofía práctica

1. Parte ética de los sistemas clásicos de filosofía, teoría sobre los principios y leyes de la acción (por ejemplo, la «Ética» de Spinoza, la «Crítica de la razón práctica» de Kant, &c.).

2. Amplia corriente, orientada contra el materialismo y la ciencia, en la filosofía burguesa contemporánea. Pueden incluirse en la filosofía práctica el nietzscheanismo, el pragmatismo, la filosofía de la vida (Bergson), el existencialismo y otras escuelas que les son afines y que conciben el conocer como «instrumento» para alcanzar resultados prácticos. La renuncia al pensar teórico y a la verdad objetiva, el culto al subconsciente, van ligados en la filosofía práctica a la disolución del pensamiento en la función biológica de la adaptación: la veracidad de una idea no se determina por lo que en ella se refleje de la realidad objetiva, sino por su validez práctica, por su utilidad: todas las ideas (entre ellas las religiosas) son «verdaderas» si conducen al éxito. De este modo, el relativismo y el agnosticismo de la filosofía práctica se encubren con una referencia al hacer práctico entendido en un sentido extremadamente subjetivista.


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Materialismo dialéctico y lógica dialéctica

Materialismo dialéctico y lógica dialéctica

Lic. Carlos J. Muñoz Aguilar.

A continuación presento el interesante trabajo de A.G. Spirkin sobre el materialismo dialéctico y la lógica dialéctica.

El materialismo dialéctico es la ciencia que estudia las relaciones entre la conciencia y el mundo material objetivo, las leyes más generales del movimiento y desarrollo de la naturaleza, de la sociedad y del conocimiento. La filosofía del marxismo se llama materialismo dialéctico porque constituye la unidad orgánica del materialismo y la dialéctica. Es materialista porque parte del reconocimiento de la materia como base única del mundo, considerando la conciencia como una propiedad de la material altamente organizada, como una función del cerebro, como un reflejo del mundo objetivo; es dialéctico porque reconoce la concatenación universal de los objetos y fenómenos del mundo, el movimiento y desarrollo de éste como resultado de contradicciones internas que actúan dentro de él.

El materialismo considera el ser social no sólo en forma de objeto que se opone al hombre, sino también subjetivamente, en forma de la actividad práctica histórico-concreta del hombre. Tal concepción de la práctica proporcionaba base científica a la teoría del conocimiento, a la cual el marxismo llegó desde el punto de vista histórico-social en vez del enfoque abstracto del materialismo contemplativo, que consideraba los vínculos entre los hombre como algo puramente natural.

La diferencia sustancial de la filosofía del marxismo respecto de todos los sistemas filosóficos anteriores consiste en que sus ideas penetran en la masa del pueblo trabajador, que es quien las lleva a la práctica; en cuanto a ella, se desarrolla justamente sobre la base de la práctica histórica de las masas populares. El mundo es modificado por la actividad práctica revolucionaria de las masas populares que han hecho suyas las ideas del marxismo. “De la misma manera que la filosofía encuentra en el proletariado su arma material, el proletariado encuentra en la filosofía su arma espiritual…” (C. Marx y F. Engels)

Lenin profundizó la concepción de las categorías fundamentales de la dialéctica materialista: materia y formas de su movimiento, espacio y tiempo, causalidad, libertad y necesidad, posibilidad y realidad, forma y contenido, etc. Lenin impulsó la concepción de la ley de la unidad y lucha de los contrarios como ley fundamental el mundo objetivo y del conocimiento, como esencia y núcleo de la dialéctica, formulando proposiciones esenciales sobre las dos concepciones del desarrollo: desarrollo como disminución y aumento, como repetición y desarrollo como unidad de contrarios, de desdoblamiento de lo único en contrarios que se excluyen recíprocamente y se hallan en interacción.

Señaló que el conocimiento va del contenido vivo al pensamiento abstracto y de éste a la práctica; que la conciencia del hombre es activa, pues no se limita a reflejar el mundo, sino dentro de la práctica humana participa en su transformación revolucionaria. Formuló la teoría de la verdad objetiva, relativa y absoluta, y señaló su intervinculación dialéctica. El punto central en la doctrina de Lenin sobre la verdad lo ocupa el problema del carácter concreto de la misma. Indicó que “la esencia misma, el alma viva del marxismo es el análisis concreto de la situación concreta”.

El enfoque dialéctico del conocimiento es, ante todo, un enfoque histórico. En su elaboración de la teoría del conocimiento Lenin concedía la atención particular a la necesidad del enfoque histórico, al examen de las formas de pensar en unidad con su contenido, y en relación con ello formuló las proposiciones fundamentales de la unidad de la dialéctica, la lógica y la teoría del conocimiento, determinó los principios fundamentales de la lógica dialéctica y señaló las vías de investigación del problema de la sucesión histórica en la formación de las categorías del pensamiento. Lenin determinó la vía que debía seguirse: la historia de la filosofía, la historia de las distintas ciencias, la historia del desarrollo mental del niño, la historia del desarrollo mental de los animales, la historia del idioma, más la psicología y la fisiología de los órganos de los sentidos: tales son las regiones del saber de las que debe formarse la teoría del conocimiento y la dialéctica.

MATERIALISMO Y CONCIENCIA.

El materialismo dialéctico parte del reconocimiento de la prioridad de la materia y del carácter secundario de la conciencia y considera que el mundo es la materia en movimiento. La materia no puede ser creada ni destruida; es eterna e infinita. El mundo es la diversidad de formas de movimiento de la materia, infinitas en el espacio y en el tiempo.
Los datos de la ciencia moderna señalan que los procesos físicos, químicos, biológicos y sociales que tienen lugar en el mundo, no son algo encerrado en sí y singularizado. Todos ellos pueden transformarse recíprocamente, puesto que entre ellos existe una vinculación universal, concatenación e interacción.
Según el materialismo dialéctico, la conciencia es una función del cerebro, un reflejo del mundo objetivo. Eso significa que la conciencia viene determinada fuera de la actividad natural y social existente y operante en el cerebro. El proceso de toma de conciencia del mundo y la actividad psíquica surgen y se desarrollan en el proceso de interacción real del hombre con el mundo a través de sus relaciones sociales. Los objetos, sus propiedades y relaciones, al ser reflejadas en el cerebro, existen en él en forma de imágenes, idealmente. El cerebro no es el origen, sino el órgano de la conciencia, es decir, la parte del cuerpo humano en la que el objeto que actúa sobre ella se transforma y adquiere la forma ideal de su ser. Lo ideal no es una substancia particular ni un acompañante secundario de los procesos materiales que transcurren en la corteza del cerebro, sino un producto de la actividad del cerebro, la imagen subjetiva del mundo objetivo.

DIALÉCTICA DEL PROCESO DEL CONOCIMIENTO.

El materialismo dialéctico parte del hecho de que el conocimiento es un reflejo del mundo en la conciencia del hombre, inseparable del cambio del objeto de conocimiento en el curso de la práctica social. La práctica es base de la formación y desarrollo del conocimiento en todos sus grados, fuente del saber, estímulo fundamental y meta del conocimiento, esfera de aplicación del conocimiento, criterio de la verdad de los resultados del proceso de conocimiento y “determinante de los vínculos del objeto con aquello que el hombre necesita” (Lenin). La actividad práctica del hombre se halla unida obligatoriamente a la actividad cognoscitiva.
El proceso de conocimiento comienza con la sensación y la percepción. El paso del conocimiento sensorial al pensamiento lógico es un salto del conocimiento de lo individual, casual y exterior, al conocimiento generalizado de lo sustancial y sometido a leyes, de las formas tangibles del reflejo a aquellas formas que se hallan desprovistas de la “sustancia de sensoriedad”.
Lenin escribía que “cualquier verdad se la hace …, si se la exagera, si se le aplica más allá de los límites que es dable hacerlo, puede ser llevada al absurdo, y en las condiciones indicadas, se transforma inevitablemente en absurdo”

LA DIALÉCTICA COMO LÓGICA Y COMO TEORÍA DEL CONOCIMIENTO.

La lógica dialéctica no es otra cosa sino la historia y el proceso del conocimiento en su elaboración lógica. Junto a la lógica dialéctica existe la lógica formal, la cual estudia las leyes de relación entre las premisas y las conclusiones y las leyes de la demostración. El materialismo dialéctico se apoya en el análisis de las categorías en los principios de la teoría marxista-leninista del reflejo y de la dialéctica. El estudio y la exposición de las categorías y leyes del materialismo dialéctico debe partir de la unidad de los métodos lógicos e históricos, lo cual a su vez, expresa la lógica objetiva de las relaciones de las cosas y su desarrollo, el desenvolvimiento en relación con la complicación de sus relaciones, ya que, según Marx, “la marcha del pensamiento abstracto, que asciende de lo más simple a lo complejo, corresponde al proceso histórico real”.

En la base del sistema de la dialéctica materialista que se desenvuelve históricamente, debe ser colocada una categoría que no necesite de premisa alguna y que ella misma constituya la premisa de partida para la investigación de las categorías restantes. Así es la categoría de materia. A ella le siguen las formas fundamentales de existencia de la materia: MOVIMIENTO, ESPACIO Y TIEMPO. Los diversos estados de la materia se conocen sólo a través del movimiento.

La CALIDAD es el rasgo específico del objeto dado, su peculiaridad, lo que le diferencia de los otros objetos. El proceso de conocimiento se realiza de tal modo que la conciencia de la calidad antecede al conocimiento de la CANTIDAD. Al mismo tiempo que descubre la determinación cualitativa y cuantitativa de las cosas, el hombre establece su DIFERENCIA y su IDENTIDAD, que son uno de los escalones elementales del conocimiento.

Todos los objetos poseen aspectos exteriores que se alcanzan directamente con la sensación y la percepción, y aspectos internos, el conocimiento de los cuales se alcanza por vía mediata, mediante el pensamiento abstracto. Esta diferencia de los grados de conocimiento se expresa en las categorías de lo EXTERIOR y lo INTERNO.

Sin una noción elemental de los nexos causales es imposible la actividad práctica del hombre encaminada a un fin. En el proceso ulterior de desarrollo del pensamiento el hombre empezó a comprender que la causa no se limita a generar la acción, sino que la supone en calidad de acción contraria. Al diferenciarse, la causa y el efecto no son dos formas distintas e independientes de existencia. Toda acción es INTERACCIÓN.

El conocimiento profundo de los vínculos objetivos y de la interacción de las cosas es resultado de un largo desarrollo de la práctica social y del pensamiento; los vínculos más simples de las cosas fueron objeto del reflejo en la conciencia humana ya en la primeras fases de su desarrollo ya que son el conocimiento sería imposible la actividad productiva. La interacción de los objetos entre sí y de los distintos aspectos o momentos dentro del objeto, que se expresa en la contradicción, en la lucha de contrarios, es la causa universal, residente en la naturaleza de las cosas, de su cambio y desarrollo, los cuales transcurren no a consecuencia de un impulso de fuera como acción unilateral, sino en virtud de la interacción y de la CONTRADICCIÓN.

La interacción práctica de los hombres con un gran número de cosas semejantes y diversas llevó a descubrir los signos individuales, particulares y generales de las mismas; estos sirvió de base para la elaboración de las categorías de la INDIVIDUAL, LO PARTICULAR Y LO GENERAL.

Ahora, la REALIDAD es resultado del proceso de desarrollo de los objetos y procesos de la naturaleza y de la vida social, el grado concreto de desarrollo de los fenómenos, resultado de la aparición del ser presente a partir de la posibilidad real. La posibilidad es el ser potencial, interno, del objeto que se revela. La realidad es más rica que la posibilidad, puesto que esta última no es sino uno de los momentos de la realidad.

Las leyes universales fueron descubiertas por la generalización de las leyes de orden parcial. Las leyes más generales de la dialéctica materialista son:
PASO DE LOS CAMBIOS CUALITATIVOS A CUANTITATIVOS, UNIDAD Y LUCHA DE CONTRARIOS Y NEGACIÓN DE LA NEGACIÓN.

La ley del paso de los cambios cuantitativos a cualitativos muestra el modo cómo se realiza la aparición de lo nuevo. Pero no revela toda la esencia del proceso de desarrollo, no nos dice qué es la fuerza motriz, la fuente del desarrollo. La fuerza motriz del desarrollo viene expresada por la ley de la unidad y la lucha de contrarios.
Según esta ley, los objetos y fenómenos del mundo objetivo, en el proceso de su desarrollo –que se desprende de la interacción y contradicción entre los distintos objetos y fenómenos y de los distintos aspectos dentro de los objetos y fenómenos y de los distintos aspectos dentro de los objetos y fenómenos-, pasan del estado de diferencia no advertida y no esencial de los aspectos que integran el fenómeno dado a las diferencias esenciales de los aspectos del todo y a los contrarios, los cuales se manifiestan entre sí en contradicción, en lucha, que es la fuente interna de desarrollo de dicho fenómeno.

Cualquier desarrollo es un proceso dirigido de manera determinada.

Este aspecto del desarrollo viene expresado por la ley de la negación de la negación. Cada fenómeno es relativo y, en virtud de su naturaleza finita, pasa a otro fenómeno, el cual, en determinadas condiciones, puede convertirse en el contrario del primero y negarlo. La negación es no sólo la negación de lo viejo, sino la afirmación de lo nuevo. Como resultado de esta creciente negación de la negación se obtiene el movimiento del objeto de lo simple a lo complejo, de lo inferior a lo superior, con elementos de repetición de etapas pasadas, de retrocesos temporales, etc.

Cada momento de desarrollo, por mucho que se diferencie del anterior, procede de él, es resultado de se desarrollo, por lo cual lo incluye y conserva en sí en un aspecto transformado. De ahí se desprende una importante exigencia al conocimiento científico, que se manifiesta en calidad de método:
EL CONOCIMIENTO HISTÓRICO ÚNICAMENTE PUEDE SER FECUNDO CUANDO CADA MOMENTO DEL DESARROLLO HISTÓRICO ES CONSIDERADO COMO RESULTADO DEL MOMENTO PRECEDENTE Y EN RELACIÓN ORGÁNICA CON ÉL.

El materialismo dialéctico proporciona a los investigadores el único método científico de pensar, el método de conocimiento adecuado a las leyes del mundo objetivo. En cuanto al materialismo dialéctico, trata de las leyes más generales del movimiento y desarrollo del ser y del pensamiento, el conocimiento de las leyes universales a su vez, sirve de base y guía para el estudio de las leyes específicas.

Cada ciencia se basa en los resultados del conocimiento de las leyes universales del desarrollo como principio metodológico. El único método científico para el conocimiento y transformación de la realidad es la dialéctica materialista…”ya que es la única que nos brinda la analogía y, por tanto, el método para explicar los procesos de desarrollo de la naturaleza, para comprender, en sus rasgos generales, sus nexos y el tránsito de uno a otro campo de investigación” (Dialéctica de la Naturaleza)

La tesis del materialismo dialéctico de que la materia es lo primario y la conciencia lo secundario, se diferencia del materialismo anterior al marxismo en que se incluye el reconocimiento del carácter primario del ser social y del carácter secundario de la conciencia social. Por ser social el marxismo entiende el proceso real de la vida de los hombres, el trabajo, el proceso de producción de los bienes materiales, las relaciones que se establecen entre los hombres en el proceso de producción, etc. Por conciencia social entiende las concepciones políticas, filosóficas, jurídicas y artísticas, la moral, la ciencia y la religión.


El Materialismo Histórico

EL MATERIALISMO HISTÓRICO

1. Vida y obra

Carlos Marx nació en la ciudad alemana de Tréveris (Trier), Renania, el 5 de mayo de 1818, y murió en Londres el 14 de marzo de 1883. Dedicó toda su vida a cumplir con una de las consignas que escribió en las tesis sobre Feuerbach: Los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modos el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo (1845). Sus primeras influencias proceden de su propio padre, un funcionario judío cercano a la ideología de la ilustración francesa, y de quien será su suegro, el padre de Jenny von Westphalen, que le iniciará en la lectura de los clásicos. Cursó estudios de filosofía en Berlín; la influencia que la filosofía de Hegel ejercía allí dejó una huella indeleble en Marx, el cual, después de intentar criticarla prematuramente, lo que hizo fue adherirse a ella hasta “volverla del revés” como gustaba decir. Perteneció por un tiempo al grupo llamado de los hegelianos de izquierda. Los seguidores de Hegel se dividían en dos bandos que pueden quedar representados grosso modo según el siguiente criterio: “los que aceptando el principio idealista del desenvolvimiento del espíritu en la historia (como realización de la razón) discrepaban de la afirmación según la cual el Estado monárquico de la edad moderna es el final de todas las mediaciones, eran hegelianos de izquierdas, los que no discrepaban, eran hegelianos de derechas”. Marx se doctoró en filosofía en 1841 con una tesis sobre las diferencias entre la filosofía de Demócrito y de Epicuro, ambos atomistas, como sabéis. Rechazó la posibilidad de entrar como profesor en la universidad de Bonn, diciendo: “¿quién puede desear convivir siempre con estos espíritus fétidos, con estas gentes que no estudian más que para pregonarlo desde las cuatro esquinas del mundo? (se refiere a los profesores universitarios.) Su vida, a partir de aquí, se convierte en lo que siempre será, un vagabundeo por Europa, huyendo de la persecución de la policía por agitador político, hasta que finalmente, en 1850, se instala en Londres, donde organiza la Primera Internacional (Asociación Internacional de Trabajadores, 1866-1872).

La obra de Marx es considerada por Lenin como una “síntesis original entre la filosofía clásica alemana (con la que critica la cultura capitalista y clasista en general), la economía política inglesa de David Ricardo y Adam Smith y la política revolucionaria francesa.

A todo ello, hay que añadir, como dice Manuel Sacristán, un cuarto ingrediente, esencial para entender el marxismo: el movimiento obrero ya perceptible en Francia, Alemania (1844, insurrección de los obreros textiles de Silesia). Esta clase confirma a Marx la verdad de su primer esquema y variación de las teorías de Hegel: “hay una clase que encarna toda la miseria de la alienación del trabajo, esta es la de los modernos trabajadores asalariados, el proletariado. El proletariado será la energía transformadora de la sociedad moderna.”

De sus obras destacan:

1844. Manuscritos económico-filosóficos.

1845-48. La Sagrada Familia, La ideología alemana.

1848. El manifiesto comunista

1859. Contribución a la crítica de la economía política.

1867. El capital. v.I

1857-58Grundisse o borradores de economía política.

(hay que señalar que las de 1845, 1848, y otras no citadas, fueron elaboradas en colaboración con Federico Engels, cuya aportación a la teoría marxista es paralela a la de Marx).

El objetivo final de toda su filosofía, definido por la consigna de “cambiar el mundo”, es destruir el capitalismo fomentando la revolución del proletariado y haciendo desaparecer para siempre la sociedad de clases. Así reza el manifiesto comunista: “¡proletarios de todos los países, uníos!”. Esto es, la instauración de la sociedad comunista. (Hay que señalar que la URSS no existe aun; no podemos identificar los deseos de Marx con la realización concreta que se produjo después, a partir de la interpretación que, Lenin primero, y después Stalin, hicieron de su obra.

La vida de la familia Marx fue muy dura, sobre todo en la década de los cincuenta; casi todos sus hijos murieron por causa más o menos directa del hambre dada la penuria en la que vivían. Prácticamente, Engels, amigo fiel de Marx desde los primeros años cuarenta, es quien les mantiene. Jenny Marx escribía a una amiga en 1852 sobre la muerte de su hija Francisca: “La pobre niña luchó durante tres días con la muerte. Al final su cuerpecito descansó en la habitación de atrás: nos pasamos todos a la de delante, y al llegar la noche nos echamos en el suelo. La muerte de mi hija ocurrió en nuestra época de pobreza más amarga… no tuvo cuna cuando llegó al mundo, y hubo de esperar bastantes horas para tener ataúd”. Los años cincuenta y sesenta son aquellos en los que escribe Marx su obra más importante, una de las aportaciones imprescindibles en la economía política, El capital. “Creo que nunca se ha escrito acerca del dinero careciendo de él hasta este punto” le dijo a Engels en una de sus múltiples cartas.

Lenin escribió sobre la amistad entre Marx y Engels (al que, familiarmente, los Marx llamaban “el general”, lo siguiente: “Las leyendas clásicas traen muchos ejemplos conmovedores de amistad. El proletariado europeo puede decir que su ciencia procede de dos sabios y luchadores cuya relación deja chicas las más conmovedoras leyendas antiguas sobre la amistad”. Engels vivió prácticamente toda su edad madura intentado salvar a los Marx de la miseria mediante su propio trabajo mercantil. En cuanto a Marx (que todos llamaban Moro por su aspecto), en 1857, por ejemplo, cuando parecía que, por primera vez desde que entró en la gran pobreza en 1852, podía volver a dedicarse a sus estudios de economía, los dejó de lado y se puso a estudiar medicina porque Engels había enfermado y el juicio de los médicos no le parecía digno de toda fe.

En el entierro de Marx, Engels dijo: “Marx fue ante todo un revolucionario. Su verdadera vocación era contribuir de un modo u otro al derrocamiento de la sociedad capitalista y de las instituciones estatales creadas por ella, contribuir a la emancipación del proletariado moderno, al que él mismo había sido el primero en dar consciencia de su situación y de sus necesidades, consciencia de las condiciones de su liberación.”

2. La teoría del Materialismo Histórico

Introducción: materialismo, sociedad, conocimiento y revolución

La filosofía marxista es la elaboración más consciente de una filosofía materialista. Es imposible contemplar todas las influencias que sufre Marx, sobre todo de los filósofos ilustrados franceses, Helvetius y d’Holbach, ambos materialistas, grosso modo. El materialismo viene definido genéricamente como la teoría que considera que la conciencia de cada individuo viene configurada por su determinación social; por el contexto social de clase en el que se desarrolla su existencia. Su pensamiento, pues, depende de la clase social a la que pertenece. Lo que esta tesis niega es precisamente el idealismo tipo Hegel o Fichte. Según estos autores, la conciencia (definida como Yo, o como Espíritu) es la que determina el ser social. En términos de Hegel, el espíritu del puebloVolkheiss“. Pero entre el concepto de conciencia de Kant o Fichte y el de Hegel media una variación importante; esta variación corresponde a una interpretación sociologista del espíritu de la que carecía la filosofía Kantiana. El espíritu, la razón, ya no es universal y monótonamente igual para todos los hombres (según el ideal ilustrado del que Kant era partícipe) sino que ahora éste se manifiesta en el Estado, más concretamente en el Estado alemán. Sigue siendo universal pero está por así decir determinado en el contexto de un pueblo, de un estado. Marx va a desarrollar más aún esta tesis considerando que la conciencia depende de la determinación social, pero no de un estado, sino de la clase social a la que pertenezca. Ahora, esta conciencia sigue siendo universal, pero determinada no en un pueblo, sino en una clase, que atraviesa toda frontera posible.

El análisis de Marx incluye una consideración sociológica de las clases sociales. La cuestión será cuáles son y por qué son. Las clases son dos, dice Marx, y su causa es el sistema económico de producción. Los propietarios de los medios de producción, son los capitalistas, la burguesía, los trabajadores por cuenta ajena que venden la fuerza de su trabajo que es, en definitiva lo único que les pertenece, son los proletarios, el proletariado. Cada clase social tendrá su propia conciencia, determinada por las condiciones propias de existencia. Así, lo que para unos es legítimamente propio, para otros es más bien una explotación. Como el sistema capitalista está o tiende a imponerse en todo el mundo, la clase proletaria se da a nivel internacional, de ahí que Marx intentara organizar a los proletarios en una internacional. El Manifiesto Comunista terminaba con el siguiente llamamiento: “¡Proletarios de todos los países, uníos!”.

La clase burguesa considera legítima la explotación que ejerce sobre los obreros; Marx llama a esta suposiciónfalsa conciencia; una conciencia confundida sobre la situación real de existencia, pero que no es producida por deseo explícito del sujeto, sino por el contexto social en el que vive y que no puede modificar a su antojo (en otras filosofías posteriores, esto será llamado el inconsciente objetivo). El proletariado, como clase, también sufre una deformación de la conciencia, al considerar que su situación es legítima; esta falsa conciencia está infundida por la propia burguesía, a la que le interesa perpetuar esta situación de injusticia. Sin embargo, la contradicción existente entre las condiciones de vida del burgués y el proletario es manifiesta y esta misma rompe la falsa conciencia del proletariado que empieza a considerar necesario y legítimo un cambio en las condiciones de vida que sufre. Esto alerta al burgués que comienza a desarrollar los medios para perpetuar la injusticia, la falsa conciencia deviene en el burgués mala conciencia, y en el proletario conciencia revolucionaria. Como decía Marx, “el arma de la lógica debe dar paso a veces a la lógica de las armas”. El cambio de las condiciones de vida no puede hacerse de modo pacífico porque los burgueses no quieren dejar lo que falsamente consideran suyo, y los proletarios para superar esa situación de explotación deben recurrir a la revolución.

Sólo la revolución puede superar el antagonismo de clases y por tanto la falsa conciencia. Y sólo en esta nueva situación de igualdad el hombre vivirá verdaderamente como hombre. Este cambio revolucionario permitirá por fin un conocimiento verdadero de las cosas y la justicia social. La revolución, por lo tanto, viene a sustituir aquí al famoso método de conocimiento que debía seguirse individualmente. Porque si las condiciones sociales determinan la conciencia, la conciencia dejará de ser falsa cuando esas condiciones sociales no respondan a intereses particulares. Cosa solamente posible cuando se realice la revolución. Y este es el principio del materialismo histórico.

Materialismo Histórico

La completa comprensión de la situación actual de la sociedad en el XIX, no es posible, afirman Marx y Engels, sin contemplar el proceso que la ha producido. Por otra parte, el principio de que las condiciones materiales de existencia determinan la conciencia es un programa teórico de interpretación de la historia. Y es aquí en donde Marx y Engels creen alejarse más del idealismo. En el sentido de que invierten su relación. Marx insistía en la necesidad de darle la vuelta al idealismo, de modo que aquello que en el idealismo era determinante, motor de la historia (el espíritu) ahora será consecuente, determinado por el verdadero motor de la historia: las condiciones materiales de existencia de los hombres, su modo de producción.

Según la tesis materialista, en cada época se puede distinguir entre una base y una sobreestructura. (Posteriores autores dirán que se pueden distinguir tres partes: base, estructura y superestructura, pero para el caso quedémonos con el original). La base corresponde a las condiciones materiales de existencia, organización económica o modos de producción. La sobreestructura corresponde a las manifestaciones culturales a que dan lugar esas formas de producción. En ella están incluídas tanto las formas de organización social, como la filosofía, el arte, la religión, la organización jurídica, etc. Todas las tradicionalmente llamadas manifestaciones espirituales y que Hegel consideraba la manifestación más clara del espíritu. Pero ahora, contra Hegel, todas ellas no tendrán un carácter específico o determinante sino que serán resultado condicionado por la forma de producción típica de ese momento histórico. Para Hegel, la historia era la realización de la razón, el espíritu; para Marx, la historia es la realidad económica productiva que genera como resultado ideológico las realizaciones del espíritu, dependientes de esta realidad. Su carácter puramente derivado las convierte en simples representaciones ideológicas de la verdadera causa del proceso de la historia. La causa real del desarrollo de la historia es el proceso real de transformación de unas formas de producción a otras, siempre orientadas por el aumento de eficacia productiva y por el enriquecimiento.

Según estos criterios, la historia se desarrolla a lo largo de tres formas de producción diferentes que determinan tres etapas. La etapa del modo de producción esclavista que llega hasta la caída del imperio romano; la etapa de producción servil que da forma al sistema feudal que abarca la época medieval y de la que gradualmente va desarrollándose a partir de los gremios de artesanos de las ciudades y de su organización posterior en forma de producción manufacturera, el sistema de producción capitalista cuya base es la división en propietarios de los medios de producción y proletarios que venden la fuerza de su trabajo y cuya forma de organización social corresponde a la sociedad burguesa inspirada en los ideales de la revolución francesa.

A estas tres etapas le seguirá la etapa de la sociedad sin clases, en la que el ideal de igualdad económica, no sólo formal, se cumplirá plenamente, que es la sociedad comunista en la que habrán desparecido los Estados, propios de la forma social burguesa que gusta de enfrentar a los obreros entre sí para defender intereses que ellos no tienen en realidad. Una sociedad sin clases, ni estado, que habrá que alcanzar mediante un proceso revolucionario y que seguirá el siguiente esquema: Primero, conciencia de las contradicciones por parte de los proletarios, la clase proletaria hace la revolución y elimina la propiedad privada, esto sólo se consigue durante un proceso de dictadura del proletariado que por la fuerza acabará con los privilegios de todo tipo y modificará de manera adecuada la conciencia para conseguir de todos los hombres el reconocimiento de la igualdad inalienable. Con esto se evitará definitivamente volver al pasado. Esta nueva etapa era la que Marx consideraba la Historia del hombre, cuando al fin, el estado, la dictadura del proletariado, etc., dejen de ser necesarias y pueda construirse una sociedad socialista. Todo lo anterior es realmente para Marx, la prehistoria de la humanidad, una época en la que no todos los hombres eran hombres en su pleno sentido, porque unos eran explotados y otros explotadores.

La obra de Marx inspirará movimientos revolucionarios a lo largo del siglo XIX y del siglo XX, poniendo en evidencia las injusticias sociales e históricas y transformando la conciencia general hacia una mayor sensibilidad a los problemas sociales y políticos. De hecho, hasta en el campo de la reflexión sobre la influencia de la tecnología y la producción en la calidad de vida de los hombres, algo que hoy suele interpretarse desde la perspectiva de movimientos ecologistas, etc. Y el materialismo instaurado a escala filosófica dará también resultados importantísimos, de hecho, puede decirse, algo que por otra parte es bastante obvio, que la filosofía del siglo XX se ha desarrollado siempre teniendo como referencia ese último grito de la supuesta capacidad emancipatoria de la razón. El último ideal universal, con todos los problemas que nos ha enseñado y obligado a plantear, que pide a gritos su superación, -pero en el sentido hegeliano-, superación e incorporación; porque sus ideales son evidentemente, y lo seguirán siendo, los ideales de cualquier persona consciente, moral.